viernes, 22 de abril de 2011

Cosas que olvido

(Leer esto escuchando "Eet" de Regina Spektor, on repeat.)

"It's like forgetting the words to your favorite song
you can't believe it,

you were always singing along."

Hay cosas que olvido.

Olvido ayudar, que hablo de personas y no cifras. Cada vez tengo menos ganas, ahora simplemente no me quedan, de ir a ayudar a alguien. No hablo de a un amigo, si no de hacer servicio comunitario.
Olvido lo hermoso de esas sonrisas y de los abrazos de mis niños, olvido lo feliz que me sentía.
Ahora simplemente parece una carga, no quiero ir más.


Olvido que son personas. No quiero ir a construirles una casa porque no pagarían impuestos y contribuiría a la informalidad, olvido que hablo de personas que viven en situaciones malas, que hablo de niños que construyen una infancia en un terral, que hablo de seres que necesitan un techo sobre su cabeza. Olvido la caridad, la solidaridad, las cosas que me hacían más humana.


Me he vuelto tan fría.


Olvido mis metas, simplemente me levanto, me subo a una combi y cuento los minutos que faltan para que acabe todo.

El tiempo ha perdido su valor, ahora simplemente espero a que pase. En vez de aprovecharlo, quiero que termine. Olvido qué hago aquí, olvido la pasión por las cosas que hago, olvido alzar mi voz e involucrarme, me ignoro. Qué fácil perderse en las distracciones.


You're using your headphones to drown out your mind.


Hay cosas que quería olvidar. Una muerte, una decepción, un rechazo. Quizás sí, quizás buscaba maneras de distraerme para olvidar lo que podía doler, pero sin querer terminé, una vez más, adormeciendo todo.

Viviendo en una especie de "automático" sin preguntarme ¿por qué? ¿qué hay debajo de todo esto?


Porque antes lo hacía, ahora olvidé preguntar, simplemente me muevo.


Quizás fue la nueva calma encontrada en la universidad que amo, quizás fueron la suma del entorno con la tranquilidad, la comodidad, fue justamente eso, sentirme demasiado cómoda. ¿Dónde quedó la persona que quería saber más? Simplemente se ahoga en un "no puedo opinar, no estoy informada"; se conforma con decir "es la primera vez que escucho de eso."

Todo el espíritu curioso se fue, quedó alguien estancado en no saber. Sí, qué tierno que no sepas que eso pasa, que esto se vive en tu país, qué bonito que no saber porque nunca te faltó. Qué fácil diferenciarte de la gente, eso es lo que te distingue "nunca supe de esto porque mi vida ha sido completamente diferente a la suya, no sabía..." qué bonito decir eso y seguir marcando la diferencia, seguir construyendo las paredes, siempre es fácil esconderse tras la pared.



Eso es lo que hace que estés sola, que tú misma buscas aislarte, para reafirmarte lo que sea, que eres diferente, que eres mejor (?) necesitas saberlo porque tú no te consideras mejor. Ni siquiera buena. No, ahora te consideras poco. No fue su rechazo, no fue su culpa, deberías haber tenido certeza de tu valor por ti misma, no por su opinión. Y si ya no te quiso, deberías dejar de echarte la culpa, deberías dejar de preguntarte por qué no eres suficiente. Pero no lo haces.

¿Qué hacer para sentirte mejor? Tratar de ser mejor. ¿Cómo lograrlo sin hacer méritos? He ahí la cuestión. Bajar a los demás no quiere decir que subas, pero sí que estás más arriba que ellos. Para eso la pared. Para saber que, por lo menos ahí, eres diferente y por tus cosas materiales, por la vida que has llevado, sentirte mejor. No lo eres, definitivamente no lo eres, no por eso, el valor no reside en lo material, mucho menos si son cosas que no conseguiste por tu cuenta, si no te fueron dadas. Aislarte no te hace mejor, sí diferente pero no mejor.

Olvidas a Dios en tu vida, te alejas de Él de nuevo. Olvidas que lo que importan son Él y tú, no lo que digan los demás. Ni siquiera le quieres dar lugar en tu vida, a pesar de que sepas que debes dárselo. Nunca tanto compromiso, ¿no? Así es más fácil. ¿No te das cuenta de que Galatas 2, 20 ya no es verdad? Nunca tanto compromiso. Es más fácil.

No olvides a la persona que eras, las cosas que más te gustaban de ti. No te adormezcas ante la vida. No te pierdas.


Simplemente pasa. Miras a tu alrededor y descubres que no sabes qué haces acá, por qué vienes todos los días. Vives solo para una cosa, cuentas las horas para el entrenamiento. En el aire, en la cima, no tienes que pensar en nada. Metas a corto plazo, pero ¿qué te motiva de verdad?

Y cuando te levantas en la mitad de la noche porque tus pensamientos no te dejan dormir, porque tus sueños te dicen lo que no quieres afrontar despierta, simplemente te pones los audífonos y subes el volumen para poder dormir. Que suene más fuerte que las voces de tu cabeza.


Y si todo se convierte en ropa bonita, música buena, más distracciones, ¿cuándo llegas al fondo del asunto? ¿cuándo deja de ser superficial? Porque no eras así, quisiste ignorar lo que no te dejaba dormir.

No es tristeza, aunque a veces te sientas sola, es aburrimiento. De lo que te rodea, de sentir que no te retan. Si no te retan intelectualmente, por lo menos que sea físicamente. Ese reto existe, pero ¿qué hay del pensamiento? Quizás el entorno tiene la culpa, no encontrar con quién discutir sobre las cosas que te gustaba cuestionar, pero entonces vuelve a cuestionar contigo.

No pierdas las ganas de saber más.

No pierdas las ganas de impactar a más personas, no pierdas lo que te humaniza.


No olvides el amor al prójimo, no te concentres solo en ti (ni te olvides de ti), no olvides el por qué de cada una de tus acciones, no sigas viviendo para el fin de semana, para el viernes y el sábado. Vacío, vacío, vacío.


Olvidar, qué bonito ignorar lo que no nos gusta: una muerte, un rechazo que nos duele. Qué bonito y fácil no pensar en eso, hacer como que no pasó. En vez de aprender de lo vivido, se le echa tierra encima y nunca sucedió.

Así no se crece, así no se vive.


No olvidar; aprender.
No conformarse en la ignorancia, investigar, tomarse la molestia de ir un poco más allá.
Alimentar la mente con buenos libros, con cuestionamientos.
No dar un poco, darlo todo, porque se puede y se debe.


Comprometerse de verdad.
Ya es hora, ¿no?
Ya toca.


(Pero qué flojera.)

4 comentarios:

J. Luis Bustamante dijo...

Al despertar, todos los días, mete en tu mochila un poco de pasión ;D

"El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños"
Eleanor Roosevelt

:)

Anónimo dijo...

tmb mete en tu mochila un poquito de calor, asi dejas los frio a un lado ;)

Franciscofcv dijo...

Muy buena reflexión. De hecho, este es uno de los posts que más me ha gustado (no he tenido tiempo para leer todos).

Es curioso cómo fugamos atraves del olvido (si se pudiese decir así) perdiendo conciencia de las cosas que hacemos, y como hay olvido no hay culpa. Pero en fondo sabemos qué es lo que tenemos que hacer y hasta cómo, pero nos da miedo.

Es como escalar una montaña. Antes de subir vi la cima, es más, podría decir que fue la cima lo que me motivó a subir. Cuando voy subiendo ya no puedo ver la cima y creo que no está, pero eso es falso. Pero ya la vi, ahí está solo, tengo que seguir subiendo.

Yo también he pasado por situaciones igual que la tuya y con casi las mismas cosas. Mi solución para ese estancamiento es, simplemente, amarlas más. Volver a recordar qué me hizo amar ese horizonte en 1er lugar.

3 ideas: 1. Conciencia, saber que lo que haces es bueno.
2. Ánimo, porque aunque sea difícil se puede.
3. Pasión, porque no basta saber que es bueno, hace falta amarlo.

Muy buena la canción. Aunque si yo, como siempre más dramático, escribiese de esto lo haría con esta canción: http://www.youtube.com/watch?v=pjmoObYFPq0&feature=related

RoCkZiTo dijo...

Soñe.

http://www.youtube.com/watch?v=qHMZf_x4Xzk&feature=related